Las personas que nos transportamos en el Metropolitano observamos día a día las conductas inadecuadas de diferentes usuarios, quienes de manera frecuente suelen faltan el respeto, invadiendo filas, violentando física y/o verbalmente a los pasajeros o hasta al mismo conductor.
La
personalidad de un individuo es un aspecto determinante de la conducta de la
conducción. Tras un estudio, se llegó a la conclusión de que los factores que
más influyen en los accidentes de
tráfico suelen ser de tipo
temperamental y de carácter; y que el mayor número de accidentados suelen
manifestar cierta inmadurez de su personalidad de su humor, actitud de riesgo,
osadía, comportamiento arbitrario y descontento en alguna faceta de su vida
familiar, laboral o personal. A principio de año se reportaron dos casos de
choques entre los vehículos del metropolitano reportando solo heridos y no
muertos.
Para
eso en el ámbito de la conducción requiere una gran concentración, algo que se olvida con
frecuencia, y este tipo de enfermedades disminuye la capacidad del conductor
para concentrarse en los estímulos externos imprescindibles para una conducción
segura.
Una de
las enfermedades descritas es el estrés, que se
caracteriza por un estado psicobiológico con efectos positivos y negativos, que
se produce generalmente cuando el individuo se encuentra inmerso en una
situación de sobre exigencia física o psíquica.
La
situación de estrés se caracteriza por una primera fase de alarma, en esta
primera etapa se activa el hipotálamo, la corteza cerebral, la formación
reticular, el sistema límbico, el sistema nervioso autónomo y el sistema endocrino.
Estos efectos no deberían ser perjudiciales para la conducción, sin embargo,
implican en el conductor un mayor nivel de agresividad y comportamiento competitivo, impaciencia, aumento a la predisposición a
realizar una conducción temeraria, mayor predisposición a tomar decisiones
arriesgadas y en general, una mayor tendencia a no respetar las señales y las normas
de circulación.
Si se
tiene estrés se debe conducir con prudencia y lo mejor es acudir a un
especialista en este tipo de trastorno.
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